Grounded Conversations: Designerin Lea Rösch über die Frage des persönlichen Stils und warum gutes Design immer beim Menschen beginnt.

Berlin-Kreuzberg. Ein ruhiger Vormittag. Zwischen Lederbahnen, Skizzen und fertigen Taschen empfängt uns Designerin Lea Rösch in ihrem Atelier. Bei einer Tasse Tee sprechen wir über Design. Über Stil. Über Produkte, die bleiben. Und über die Frage, warum manche Dinge uns ein Leben lang begleiten, während andere bereits nach kurzer Zeit ihre Bedeutung verlieren. Für Lea beginnt gutes Design nicht mit einer Form. Und auch nicht nur mit einer Funktion.

„Ein Produkt, das nur ästhetisch ist, nervt mich. Aber nur funktional finde ich auch nicht gut. Am Ende ist da immer noch etwas Irrationales dabei.”

Es ist dieser Moment, in dem Funktion, Ästhetik und Gefühl zusammenfinden, der aus einem Produkt mehr macht als einen Gebrauchsgegenstand. Es wird zu etwas, das selbstverständlich Teil des Alltags wird. Etwas, nach dem man morgens greift, ohne darüber nachzudenken. Unser Gespräch führt uns schnell zum Thema des persönlichen Stils.

„Ich finde persönlichen Stil generell einfach faszinierend, weil der so unterschiedlich sein kann und es auch so befreiend ist, den zu finden.”

Lea erzählt von einem olivgrünen Wollpullover ihrer Mutter, den zwischenzeitlich auch schon ihr Vater getragen hat und heute zu ihren Lieblingsstücken gehört. Sie erzählt von einer Tasche, die sie vor elf Jahren für sich selbst entworfen hat und die sie bis heute begleitet. Geschichten wie diese zeigen, dass die Dinge, die uns am nächsten stehen, oft diejenigen sind, die mit uns leben – auch über Jahre hinweg. Als das Gespräch auf Schuhe kommt, bringt Lea diesen Gedanken auf den Punkt:

„Der muss definitiv bequem sein, weil ich laufe und stehe unendlich viel. Aber egal wie bequem er ist – ich würde ihn niemals anziehen, wenn er nicht auch ein bisschen cool aussieht.”

Grounded Conversations: Designerin Lea Rösch über die Frage des persönlichen Stils und warum gutes Design immer beim Menschen beginnt.

Berlin-Kreuzberg. Ein ruhiger Vormittag. Zwischen Lederbahnen, Skizzen und fertigen Taschen empfängt uns Designerin Lea Rösch in ihrem Atelier. Bei einer Tasse Tee sprechen wir über Design. Über Stil. Über Produkte, die bleiben. Und über die Frage, warum manche Dinge uns ein Leben lang begleiten, während andere bereits nach kurzer Zeit ihre Bedeutung verlieren. Für Lea beginnt gutes Design nicht mit einer Form. Und auch nicht nur mit einer Funktion.

„Ein Produkt, das nur ästhetisch ist, nervt mich. Aber nur funktional finde ich auch nicht gut. Am Ende ist da immer noch etwas Irrationales dabei.”

Es ese momento en el que la funcionalidad, la estética y las sensaciones se unen, lo que convierte a un producto en algo más que un simple objeto de uso cotidiano. Se convierte en algo que, sin más, forma parte de la vida cotidiana. Algo que cogemos por la mañana sin pensarlo dos veces. Nuestra conversación nos lleva rápidamente al tema del estilo personal.

«En general, el estilo personal me parece sencillamente fascinante, porque puede ser muy variado y, además, encontrarlo resulta muy liberador».

Lea nos habla de un jersey de lana verde oliva de su madre, que en su momento también llevó su padre y que hoy es una de sus prendas favoritas. Nos cuenta que hace once años diseñó un bolso para sí misma que sigue acompañándola hasta hoy. Historias como estas demuestran que las cosas que más nos importan suelen ser aquellas que nos acompañan a lo largo de nuestra vida, incluso durante años. Cuando la conversación deriva hacia los zapatos, Lea resume esta idea de la siguiente manera:

«Tiene que ser muy cómodo, porque camino y estoy de pie un montón. Pero por muy cómodo que sea, nunca me lo pondría si no tuviera también un aspecto un poco molón».

La comodidad y la expresión van de la mano. Solo su combinación convierte un zapato en un compañero para el día a día. Esta actitud impregna toda la conversación. También se refleja en la convicción de Lea de que los diseñadores y las marcas tienen una responsabilidad. La responsabilidad de desarrollar productos que se adapten a las necesidades de las personas. Cuando Lea se pone por primera vez nuestras bailarinas Curve, no las describe por su forma ni por sus materiales. Describe una sensación.

«La verdad es que me ha recordado un poco a mis tiempos de ballet. Es uno de esos zapatos que casi no se notan y, al mismo tiempo, causan sensación».

Y a continuación viene una frase que nos llena de un orgullo increíble:

«Yo siempre votaría por él».

Creemos que esa es la mayor cualidad del diseño. Porque se convierte en parte de la vida. Acompaña las rutinas, los recuerdos y los encuentros sin imponerse en primer plano. Deja espacio para la personalidad y se adapta con naturalidad a las personas que lo llevan.

El estilo debe acompañar el día a día. Debe moverse con las personas.

Es ahí donde el diseño despliega todo su potencial.

La comodidad y la expresión van de la mano. Solo su combinación convierte un zapato en un compañero para el día a día. Esta actitud impregna toda la conversación. También se refleja en la convicción de Lea de que los diseñadores y las marcas tienen una responsabilidad. La responsabilidad de desarrollar productos que se adapten a las necesidades de las personas. Cuando Lea se pone por primera vez nuestras bailarinas Curve, no las describe por su forma ni por sus materiales. Describe una sensación.

«La verdad es que me ha recordado un poco a mis tiempos de ballet. Es uno de esos zapatos que casi no se notan y, al mismo tiempo, causan sensación».

Y a continuación viene una frase que nos llena de un orgullo increíble:

«Yo siempre votaría por él».